De la resignación

El día del funeral de mi papá, la desafortunada frase más repetitiva por cuenta de aquellos que no atinan decir nada mejor fue: “pídale a dios resignación”.

El abrazo que trata de calmar el ataque de llanto -por esa incapacidad que uno tiene de entender que el papá que hace 24 horas estaba almorzando trucha con mariscos, de los más contento, ahora está quietico en una caja- dice en el oído: “resígnese, mija… resignación”.

Y da vueltas otra vez la palabra en la cabeza cuando uno se complica pensando en no tener los millones que uno quiere, no hacer el trabajo soñado o vivir de la renta, no sentirse del todo feliz por los kilos extra, la falta de horas, las ganas de más amor… resígnese…

Resignarse es quedarse con lo que le tocó, así sea el pedazo más pequeño, así sea un motivo de angustia, acéptelo, trágueselo y sonría. No pida más.

En medio de ese convencimiento alienado llega una luz en forma de cerebro privilegiado que dice: “¿y los que lo lograron?” , ¿Acaso se resignó Einstein, Thomas Alba Edison, Shakespeare (o cualquier otro personaje referenciado por los Simpsons), se resignó Bill Gates, Mark Zuckerberg o algún otro millonetas que lo dio todo por parir una gran idea y enfrentarse con furia contra el mundo en su contra?.

¡No! Ninguno de ellos agachó la cabeza; ignoraron por completo ese adefesio de concepto, le pegaron una cachetada a la fatalidad y se metieron por el culo la resignación.

¿Sabés quién se resignó y nos aplicó la llave de la resignación para que se metiera en el guargüero y estuviera lista para salir de la garganta de todos los que tienen esa inmundicia de consejo en los labios?

¿Sabés quién tragó entero sin chistar, sin oponerse, sin renegar, sin enfrentar el mundo y nos contagió esa peste de la resignación?

Jesús.

Mi respeto a los que quieren seguir comiéndose ese cuento de que la próxima vida va a ser mejor. Lo hacés YA y lo hacés AHORA, SIN resignación.

Cabe preguntarse si vale la pena cambiar de ídolo por uno que nos dé más herramientas para decir palabras asertivas.

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3 comentarios

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3 Respuestas a De la resignación

  1. César

    Hermosa… seguro no se podría decir mejor… Sólo espero que nadie te diga que debes resignarte a que las cosas sean así… Fuerza!…

  2. Fer

    pero es que yo quería decir lo contrario jajajajajaj,
    yo quería que entendieras que la resignación no es la peste, si no mas bien y como lo hizo jesus ( no en sentido religioso, no viene al caso, sino en sentido del super hombre que fue) se resigno con su alrededor porque sabia que con las personas todo esta perdido, uno no cambia a nadie, y jesus si que lo sabia x eso no hizo ni el menor esfuerzo cuando lo apresaron porque pa que y es ahi donde esta la verdadera fuerza del man y la NO resignacion con el mismo, siempre fiel a su creencia de amor por encima de todo y ni siqueira el arresto hizo que flaqueara en su doctrina amoristica, ese si, que no se resigno.

    Any way, toda este popo para decirte que me parece que la resignacion aplica con el mundo exteriror y las cosas que uno no puede cambiar-como lo hizo jesus- por ejemplo la huida al bardo de tu papa; pero no aplica para el mundo interior y las cosas que si podemos cambiar-como el descubrimiento de la teoria de la relatividad, o la vida llena de amor de jesus hasta el final-.

    loviuuuuuuuuuuuuuuuuuu

  3. Sara María Saldarriaga

    Hola Sthephanie:

    Me identifico contigo porque me pasó lo mismo que a tí cuando murió mi padre y aún no me resigno, aún lo extraño. Más que cuestionarte sobre la resignación, te aconsejo que la conviertas en una esperanza que desaloje la tristeza de tu corazón, pensando que tu padre donde está, quiere verte feliz, triunfadora, alegre, amorosa, rodeándote de todo lo bueno que la vida tiene para ofrecerte. Acepta que era su hora de partir, porque algún día lo harás tú y lo haremos todos y no habrá remedio. La muerte es en realidad otra forma de vivir.

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